Las señoras se sentaron a tomar su té, Y los niños salen a jugar por el prado en su afán de descubrir el universo; Mientras nosotros vemos el fiordo caer en el sueño del ocaso, Comemos los últimos dulces que llevamos en mi chaqueta, Y solo en el silencio sepulcral de la penumbra me muestras tus ojos y siento como la luna me susurra tu nombre y trata de decirme como decirte que te amo, los arboles me empujan a darte un abrazo y me retiene tu fragilidad, pero el frio de la soledad me insta a actuar, las piedras me sueltan tus hombros y tus rodillas que no resisten al embate de la nostalgia; tus labios solo me dicen un no, salido acaso de la soledad de vivir en un mundo irremediablemente caótico; tu corazón tiene miedo de mostrar la alegría de encontrarse con mi corazón y solo temblamos comiendo los dulces como los niños que juegan a descubrir los universos y ver las estrellas acortejar con su danza de candidez, los sueños de nuestro universo, la luna se queja de que nos vallamos a dormir y no nos dejara descansar hasta el día siguiente, pues no estaremos juntos hasta la próxima oportunidad que las señoras se sienten a tomar su té, conversen de la vida y suelten a los niños para que no nos molesten en la locura de vivir en una sociedad de cafés y apariencias de diván.
Las canciones están cansadas de decirnos que unamos nuestros labios y sellemos de una vez por todas nuestra promesa de amor, pero nosotros seguimos siendo niños que jugamos a las escondidas y espero verte una vez mas y decirte “te encontré” y me respondas con mucha alegría y ternura con una risa que solo tú ya sabes; hoy volví a jugar contigo pues me buscaste con tu faldita llena de barro de tanto esperar a que te encuentre y lloraste inundando mi alma de tu melancolía, me sentí culpable de haberte abandonado en la espesura del bosque, hoy llegaste a mi después de que los arboles y los animales del bosque te asustaron con sus garras y fauna fiereza, los gnomos te protegieron por mí, pero no basta, tus lagrimas llenan las copas vacías de nuestra soledad, llenando de mares que solo los colosos de rodas marcan el límite del abismo de tu dolor y Salí corriendo a buscar a los dioses y prometerles que nunca te abandonarían; no vuelvas a jugar en el bosque que no te quiero perder de nuevo.
Las señoras se levantan después de su larga o corta tertulia sin darse cuenta que dos niños jugaron a ser adultos y solo en ese instante llaman a los demás críos para que se junten todos a la cena y nosotros volveremos a ser niños para que no se preocupen esas señoras que no entienden que a sus sombras somos adultos, ellas sirven la comida como jugando a criar sus muñecas, y la historia sigue su curso hasta que el inicio de la noche marca el final de esta visita, y espero verte de nuevo en mis sueños, cuando me visites en forma de hada y me cuentes el futuro y tus sueños con casitas de muñecas y muñecas que juegan a ser niños; soñare que te beso una vez mas y que estas siempre a mi lado, sentada al alféizar de mi ventana mirando la luna callar a la noche, en un abrazo eterno morder tus labios una vez más.
jueves, 12 de noviembre de 2009
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